domingo, 2 de febrero de 2014

Escuela de payasos


Escuela de payasos

Sale al escenario  un personaje de rostro pálido y trastabilla, se va de bruces, de entre la multitud brota la risa, se queda tendido en el suelo y se levanta rápido como haciéndose el desentendido ¡aquí no ha pasado nada! Se sacude el chaleco sucio y reanuda su andar; luego aparece otro hombre en escena, uno más serio en su vestir, igual de pálido pero muy serio, su traje es impecable, su rostro muestra una ceja levantada y un refinamiento en su andar que choca con el otro, mal vestido y torpe.
El hombre serio se acerca a un micrófono, hace una pequeña reverencia al público y se prepara para cantar una hermosa pieza de ópera, el otro, que ya ha trastabillado en escena se sienta en un rincón y se hurga los bolsillos, encuentra casualmente un silbato, inmediatamente el hombre serio comienza a cantar virtuosamente, orgulloso de su voz, no pasan más de cinco segundos y el otro hace chillar un silbato estrepitosamente, interrumpiendo aquella melodía.

El cantante no pierde tiempo en hacerle callar, se dirige a él e intenta hacerle entender que es inapropiado usar el silbato, en poco tiempo pasa de súplicas refinadas hasta un arrebato desesperado para obtener el objeto que el otro seguía tocando y escondiendo entre sus manos.
La acción se reanuda consecutivamente, uno para cantar y el otro para interrumpir, de entre las vestiduras andrajosas salen instrumentos innumerables, escondidos por doquier, sonajas, trompetas, panderos, etcétera; se ha convertido en una lucha de recursos, uno persigue y amedrenta; el otro se esconde, avienta los instrumentos y se hace el loco. En poco tiempo el acto se convierte en una verdadera contienda, mientras uno lucha por establecer el orden y el otro lo hace por romperlo.

El público se encuentra inmerso en el juego, mira la lucha cuerpo a cuerpo, ahora el personaje torpe corre rápido, se escabulle, es astuto y burlón, mientras que el otro ha perdido la postura, se agita como un simio y suda. Las barreras se han diluido, los dos parecen iguales y hasta diríamos que aquél que al inicio nos parecía menos afortunado ha terminado siendo un verdadero bribón, inteligente y cínico.
“Escuela de payasos” en el 2010, se explica con ese simple texto.  



Trastabillar, realizar movimientos torpes, irse de bruces, golpearse sin querer, encontrarse abandonado, o aparentar ser algo que no se es, son -entre otros- los recursos que utiliza un payaso, quien trabaja con los residuos de las emociones humanas, dolor, vergüenza, presunción, soberbia, poder; el payaso las anula y muestra su contraparte: fragilidad, ignorancia, perennidad, flaqueza; tantas como nos imaginemos pues detrás de esos pálidos personajes se es consciente del malabarismo que constituye ser humano y la hasta ahora condición humana.  
Fue en 2008 durante mi “formación como artista” dentro de una institución universitaria, donde se inició como proyecto una supuesta “Escuela de payasos” esta pieza debía ser evaluada por profesores para acreditar algunas materias, la idea era básicamente crear una escuela ficticia que formaba payasos bajo los mismos conceptos y cánones teóricos con los que en aquella Facultad se pretendía educar a los estudiantes y futuros artistas.


Realicé presentaciones del proyecto como lo haría un payaso, entraba al aula maquillado, chiflaba, hacia globoflexia, inventaba chistes, ocasionalmente encaraba y cuestionaba a los profesores sobre la manera en que pretendían decir cómo hacer y no hacer arte, usando los mismos métodos que ellos utilizaban para desacreditar un proyecto, debo decir que se resistieron muy poco a entrar al juego. No señalaré directamente a esas personas pero se sentirán muy bien aludidos pues terminaron agitándose como simios para deshonrar a este payaso.
Si bien tuve que repetir un ciclo escolar a causa de su cólera, porque razones lógicas no existían, el día de la entrega de cartas de pasante, por fin me graduaba de dicha institución, esa última acción que en pocas palabras decía "me gradúo de la escuela de payasos" trajo consigo una contienda legal dentro y fuera de la universidad para restituir los derechos de los que había sido despojado después que los directivos de la facultad de artes me realizaran una audiencia y elaboraran una lista que se podría bien resumir en una expulsión de la universidad. Es así como la escuela que pretende enseñar arte, que solicita a sus aspirantes una postura crítica y de amplio criterio, juzga y expulsa a un payaso por una acción que se supone aprendió en clase.  

Entre demanda de amparo y restitución de la audiencia universitaria, chismes, amenazas e intimidación a mis compañeros, juntas donde se hablaba de este problema, cartas a otras escuelas de arte explicando mi situación, calumnias en documentos oficiales donde decían cosas tan absurdas como que la espadita de globo era en realidad un objeto fálico que prácticamente embarre en la cara a los directivos, todos estos chistes de mal gusto culminaron cuando se ganó la demanda de amparo ante la universidad y la Facultad de Artes, entonces no les quedó a esos personajes más que mirarse al espejo y notar que sólo habían sido despojados de la máscara, del maquillaje, mostrando lo que era realmente esa institución por culpa de unos cuantos personajes que mueven los hilos de la escuela a diestra y siniestra, unos cuantos pero poderosos pobres de criterio, poco profesionales y muy pero muy bobos.

Se cuenta de Tales –según leemos en Platón (Teeteto)– que, mientras se ocupaba de la bóveda celeste, mirando a las estrellas, cayó en un pozo. Se rió de él entonces una sirvienta tracia, diciéndole que mientras deseaba con toda pasión llegar a conocer las cosas del cielo, le quedaba oculto aquello que estaba ante su nariz y bajo sus pies. “Esta burla viene muy bien a todos aquellos que dedican su vida a la filosofía” añade Platón.