sábado, 28 de diciembre de 2013

La Doña Arte y su vastago chaquetero.


“el arte es el payaso, en otras palabras, es el burdo clown de esquina, el refinado Sócrates o el iracundo y sabio Diógenes.”


Firmando un Hirst (2014)




El planeta tierra se ha desplegado como el escenario de representaciones fascinantes y exquisitas, siempre de la mano del hombre, su gran actor, director y productor. Ese sin fin de representaciones tragicomediescas contiene y exhibe lo que hemos sido y somos, los temas no parecen cambiar, basta mover una que otra utilería en el escenario, cambio de actores y público, recortar o aumentar unas líneas a los clásicos para que estos sigan vigentes. Aún nos desafía la vanidad, el odio, el amor, la ambición, la lucha y redención de lo más sutil sobre lo más vil y viceversa; somos las grandes guerras mundiales, La Gioconda, Armani, el pecado original, la world wide web, Nietzche y el cosmopolita Dalai Lama, todo junto y pegado.

Durante este proceso de ser lo que hoy somos, el término "arte" ha sufrido un ir y venir, descomposición y renovación como casi todas las cosas e ideas del mundo; es preciso mencionar que estoy facultado para hablar de ello, poseo un papel que me ha otorgado una honorable institución licenciándome en arte y por ende como artista, pues eso es lo que hace el artista, arte, es de una reciprocidad infalible, de otra manera sería como negar que el zapatero hace zapatos ¡incuestionable! Mucho menos después de que los más versados en el tema rellenaron de estética, el inteligente sentido del humor de Marcel Duchamp -para desgracia del espantado humor de Avelina Lesper y otros detractores del arte contemporáneo-, si bien no soy docto en el tema, hablaré desde la insolencia que me permite mi pobre educación, espero lo entiendan y disculpen los expertos.

Como sabemos, el arte ha intentado producir cosas bellas, objetos de gran maestría en su factura con un inconmensurable valor agregado que revela en sus formas las necesidades del espíritu de los hombres de todas las épocas. Las manifestaciones artísticas fueron y seguirán siendo todas aquellas que empujan a la humanidad a la contemplación y reflexión de sí mismos y de su medio, quizá con gran pretensión, subliman y exhiben los deseos humanos, religuen con su instinto creador -freudiano o divino- y hasta hemos escuchado que educa, produce conocimiento y alimenta el alma.

El arte es como una señora que ha tenido varios hijos e hijas, les ha tenido por amor, y amor a hacer el amor con su eterna pareja la creatividad, cuyo don es la más increíble inventiva de complacerle en la cama o donde les agarre el ansia. El arte ha sido una madre permisiva y complaciente con todos sus vástagos, les ha educado sin duda, pero uno de ellos se le ha estado saliendo del cauce que ella misma le había planteado.

Todos sus hijos ahora están en la adolescencia, les parió por el mismo tiempo, cada uno de ellos tiene características de personalidad específicas pero como es natural por la edad en que se encuentran, uno de ellos en especial sufre de un tremendo "chaquetismo" o acción masturbatoria, nada que no sea normal en plena flor de la vida.

Piece of art (2010)

Esta última situación llevada a la práctica exhaustiva sobre todo por parte del  hijo artes plásticas-visuales-contemporáneo, ha preocupado a algunos críticos, exclamando frases como: ¡que si hacen exposiciones con pepena! ¡Que si ponen unas tapitas de plástico o una caja de zapatos! ¡Que no se necesita talento para hacer eso! ¡Que no hay concepto! Y ¡que para eso ya hay cureitors, hasta egresados del MUAC y eventualmente habrá una carrera oficial en las universidades!, o "ni te preocupes porque Cuauhtémoc Medina te puede hacer ver profundamente interesante una pieza por más insignificante que ésta sea", "¡ósea, ese arte si hay que curarlo, porque está enfermo!" diría Avelina Lesper, quien de tanta preocupación llegó a proponer una “verdadera colección de arte contemporáneo” para el diario Milenio, ese que sí informa –risas-, la ha llenado de buenos pintores en su mayoría, para tener cosas que trasciendan, que perduren, donde se note el talento a simple vista y sobre todo que no sea basura.

La frase del apodado "flaco", Cesar Luis Menotti, –citar una frase de futbol cuando escribo de Arte, parece el colmo, ofrezco otra disculpa por mi vulgaridad- un ex futbolista y director técnico argentino, dice “el futbol es de las cosas menos importantes, la más importante” lo que me recuerda que el arte nunca ha tenido ese problema, siempre se presenta dentro de las cosas importantes, aunque no alcance el interés de las masas como el futbol o altere de manera tan directa la vida de millones como lo hacen los políticos, bancos y transnacionales, pero esta señorona y sus hijos siempre han estado ahí en el medio de todo, diría que en ocasiones parece ser de las cosas más importantes la menos importe, encontrándose precisamente ahí al ladito del futbol; parece que en gran medida ha estado siempre de una manera u otra al servicio de deseos burgueses o de los poderosos, como hoy de la economía de mercado, aunque no siempre ha sido de esta manera y tampoco sea en lo absoluto su razón de ser, no puedo ser tan extremista, por otro lado siempre ha tenido intermitencias importantes de crítica y reflexión sobre cuestiones humanas, ha asumido el papel de catalizador en las grandes representaciones o como estandarte de una nueva visión del mundo, documenta desde sus zapatos la historia de la humanidad, alude a una regeneración de los preceptos y valores o se vuelve aplastante de la moralidad y la dulzura, se encara con la realidad más cruda y no desconoce que la realidad siempre es más brutal que cualquier representación artística, en cierta medida siempre ha sido reflejo del individuo que le firma, de los poderes fácticos y de su tiempo, hoy suele parecer a los ojos de muchos, en especial hablando del vástago arte plástico-visual-contemporáneo, ni la sombra del Gran Arte y sólo algo inocuo e insubstancial, a veces hasta banal, caprichos de niños malcriados, no es la primera vez que le sucede y quizá sea solo el reflejo del hombre que le mira o del hombre de estos tiempos, eso, el correr de los años lo dirá.

Demian Hirst dice: “En el mundo hay más artistas pobres y hambrientos que ricos”, unos cuantos viven muy bien y otros muchos muy pobres, como ocurre en la economía global, unos cuantos son millonarios y otros millones viven con menos de un dólar al día; la señora Avelina Lesper apuesta por obra duradera, de verdaderos artistas, cuadros en su mayoría, usa el capital de grupo Milenio para comprar, hacer y deshacer de acuerdo a sus parámetros de lo que es arte y no lo es, se defiende a través del concepto “talento” y apunta a las grandes obras de arte, los otros, los que hacen basuritas se escudan en que es un tema ya discutido hace casi un siglo atrás y aparentan no molestarse. Yo creo que la señora Lesper tiene un pésimo sentido del humor, la razón la desconozco, pero entre que son peras o son manzanas, pensemos en las obras que hoy se subastan en millones en cualquiera de las famosas casas, puede ser un cuadro de Picasso o “simples cachivaches” de algún artista contemporáneo; sin duda que el trabajo de un artista debe valorarse, pero mientras la colección del que sea, como sea y de lo que sea, están en una galería o museo bien resguardados a temperatura correcta evitando cualquier degeneración en su materia, existen miles de humanos sin comer, a merced de un sistema de salud ineficiente, un sistema educativo raquítico, con aumentos de salario mínimo de 2.56 pesos en México de 2014, subcontratados o en condiciones de esclavitud. Es entonces que el arte parece igual de miserable, raquítico y absurdo, suponiendo sólo su importancia en que el arte debe existir aunque viva en su esferita de glamour, víctima de la voracidad del capital, lleno de objetos “valiosos” con grandes ferias, con grandes compradores y grandes bolsas, entonces y sólo entonces entiendo por qué el arte se encuentra en el medio de las cosas más y menos importantes.    

Si unos hombres se quedan varados en una isla desierta con todos sus millones, ¿qué podrán comprar? Lo mismo podría aplicarse al arte, objetos venerados, protegidos, vigilados, guardados con recelo para generen una plusvalía, muchos artistas famosos son sometidos a un mercadeo y publicidad pero más nice que la de cualquier candidato político, la pregunta es ¿qué pueden hacer estos objetos que no pueda hacer el instinto creativo por los hombres en esa isla? Porque "el hambre es canija pero más el que la aguanta", el arte debe servir día a día y en ese sentido todos deberían ser artistas, el arte en todo caso es un payaso, puede ser el que divierte en una fiesta, el payaso que ironiza, o el que vive la comedia en carne propia, en otras palabras, es el burdo clown de esquina, el refinado Sócrates o el iracundo y sabio Diógenes.

No puedo evitar en esas grandes exhibiciones de arte contemporáneo o incluso algunas mas modestas, encontrarme imaginando en cada rincón al sabio Diógenes, masturbándose y diciéndome "¡Ojalá, frotándome el vientre, el hambre se extinguiera de una manera tan dócil!"





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