Existe una banalización imperante en muchos campos de la civilización contemporánea, un virus que invade rápidamente todo lo que toca, le transforma en escándalo, espectáculo y show business, de esta manera asegura un momento de vida, no importa que sea un suspiro, la vida fugaz es característica de actualidad, el fenómeno del fast, de lo poco perdurable, poco nutritivo, poco reflexivo, pero rápido, rápido, rápido.
Si algo tendrá éxito en la cultura
actual debe convertirse en un producto atractivo, mercadeable, vendible,
deseable, y para ello tenemos a la publicidad como el gurú de la sociedad
contemporánea, todo se reduce a un buen slogan, un buen anuncio o una buena
campaña, sea comida, un automóvil o un político. La publicidad es la
sofisticación del engaño, ella seduce a diestra y siniestra, si el arte del
engaño era la política, la publicidad llego para reinventarla convirtiéndose en
una especie de casanova sinvergüenza que te seduce, te atrapa y te deja. Quizá
debo escribir, te seduce, te folla y se va.
Esta suerte de embrujo te dice
qué, cómo y cuándo desear, se escuda en expertos, conocimiento científico, lo
más culto, importante o exclusivo, convierte cualquier cosa en un objeto indispensable
aunque no lo necesites y el mundo entero en una selva promiscua de seducción,
ahí en ese mundo se ha desarrollado una especie infectada con el virus del
consumo estúpido, se llama fanático, fan, entusiasta o simplemente imbécil, son
el linaje subsecuente y versión ¡chic! de la idolatría, el éxtasis religioso o el
vestigio genético de pertenencia de grupo que en algunos mamíferos se usa para
asegurar la supervivencia, regularmente los fanáticos también andan en grupos y
crean una serie de fantasías en torno a un objeto o persona, fanatismo derivado
de fanum (templo) ya se imaginan la
razón, aunque prefiero fan-ático derivado de fan-tasía.
El fanático suele defender
posturas, opiniones, constructos ideológicos de manera apasionada, tenaz y
desmedida, lo irónico es que todas estas dependen de una perspectiva bastante
subjetiva, casi ninguna se origina de aquel que las defiende, y por ello
se vuelve un absurdo discutirles, sobrepasan las razones lógicas, ocurre en el
futbol, la religión o la política –todas igual de banales solo que unas joden
más que otras-, el fanatismo puede invadir cualquier campo de la vida humana
siempre y cuando exista una muy buena o varias muy buenas estúpidas razones
para prenderse de ellas y defenderlas, se suele escuchar que una marca o nombre
publicitario es mejor que otra, que un cantante es lo máximo y se llena de
poster el dormitorio, se opina que un actor o director son la onda o peor aún ¡este
libro de la saga el crepúsculo es
genial! Un tremendo desconcierto para los que creían que aprender a leer
libraría al hombre de la estupidez.
Increíble pero hasta la forma de
ser fanático se banaliza, ya no son coléricos, caprichosos y testarudos hasta
la muerte y de corazón, ahora solo son caprichos pasajeros, sirven de pose
debido a una tendencia o moda momentánea que se opacara con una nueva, pero
ello no significa que no se comporten coléricos, caprichosos y testarudos
aunque sea por un instante. ¡Así es! El fanático de tanto follar también se
hizo frívolo, folla con uno y con otro, desea nuevas emociones, rápido, rápido,
rápido.
Los fanáticos exhiben
abiertamente su ferviente deseo de diferenciarse, se visten como sus mal
llamadas estrellas o artistas favoritos, aprenden todos sus movimientos y saben
hasta como se llama su tatarabuelo, se unen entre ellos, para alimentar su
fanatismo y se protegen entre ellos con uñas y dientes, “Todo grupo humano socializa a sus miembros en la dicotomía “nosotros /
los otros”, el sentimiento de pertenencia a un grupo constituye una de las
primeras identidades que adquiere el individuo. Cuando surge el conflicto con
otro grupo, el propio se cohesiona fuertemente, puede llegar a cohesionarse al
extremo de que toda reserva o crítica suenen a traición, pero en la misma
proporción que el conflicto cohesiona al grupo incrementa el odio al otro grupo
en conflicto. Como advierte Amartya Sen, “identidad” y “violencia” son términos
que frecuentemente van juntos, cuanto más fuerte sea el sentimiento de
identificación con un grupo tanto mayor será la cantidad “admisible” de
violencia contra quienes se estime que amenazan a dicho grupo.” [1]
En este sentido los juegos deportivos donde unos se enfrentan a otros son
bastante sugerentes en cuanto a este comportamiento donde identidad y violencia
son ejes claves para entenderles, pero ocurre de igual manera en las ideologías
políticas, tendencias de moda, religiones, nacionalidades, razas y demás,
cualquier creencia llevada al extremo se llama fanatismo, provocando que los
fanáticos lloren, rían, gocen, dejen de comer o exploten en jubilo, por circunstancias
tan ajenas a ellos, pero que sienten en carne propia.
Día con día nacen y mueren fenómenos
muy interesantes de fanatismo, una rápida gestación y una vida corta, llamados
Harry Potter, Justin Bieber, Versace, bloggers famosos, es tan grande la
influencia del mundo SHOW que en Los Angeles California fue gobernador el Terminator, se hacen playeras del che
Guevara y muñequitos de Marcos del EZLN, acá en México ¡lindo y querido! no nos
escapamos de ese mundo y agregamos otros, no hace mucho tuvimos el peñismo,
nombre que hace referencia a la efervescencia de múltiples grupos partidistas
además de señoras, hasta señores y jóvenes que gritaban extasiados por estar
cerca del guapísimo pero bruto Enrique Peña Nieto hoy presidente de la
república, y su contraparte, la revueltilla del “Yo soy 132” tan efervescente y de rápida duración como un
alka seltzer en una coca cola, a la que prefiero referirme como la revolución
Tv y novelas –revista de chisme y espectáculo- el espectáculo no se detiene, lo
superficial está vigente hasta en lo más “subversivo” tenemos al diputado de la
fracción del partido de izquierda (PRD) Gerardo Fernández Noroña que sube
videos al canal de you tube donde
exhibe abiertamente su postura de desobediencia civil e incita a la población a
hacerlo, desde su web cam, sentado
frente a un escritorio de caoba o alguna madera fina que hace bonito conjunto
con una hermosa silla, dando un ameno discurso solo para interrumpirse dando tragos a una botella de
agua gasificada de la marca Perrier o invitando a no pagar el iva en los alimentos
comprando un jugo en un supermercado ¡Vaya, vaya, que subversivo!
Juzguen usted mismo si no se ha
banalizado casi todo, mire como nos relacionamos con los acontecimientos
sociales más brutales, sea una masacre en Siria, la pobreza extrema, la violación
a los derechos humanos, el espionaje descarado y el abuso de poder, los
documentos de Wikileaks o los filtrados por Edward Snowden, todo esto terminan siendo
mero escándalo, chascarrillo o escarnio, sujetándose en la memoria colectiva en
igual grado de importancia que el video porno de Paris Hilton o la boda del
Príncipe Guillermo.
El Fan -versión corta y laxa de
fanático- también es víctima de la banalización de su propio fanatismo, la poca
mesura con que se entrega a sus creencias, gustos e ídolos le convierte en una
criatura sin razón, tenemos ejemplos magnánimos, pero uno muy jugoso y digno de
recordar es el de Chris Crocker, un ex fenómeno de la red con su video ¡Leave
Britney Alone! (¡dejen a Britney en paz!) en este video un joven travestido y
maquillado, llora amargamente y se muerde los labios, se arregla la melena
oxigenada entre lagrima y gemidos, dando un mensaje de amor y apoyo a su
estrella favorita Britney Spears, pidiendo que no se burlaran de ella, que la
dejaran en paz pues pasa por un momento muy difícil en su vida, en efecto la
cantante de “Give me baby one more time” o “ Ops! I did it again” aparentaba a todas luces un desequilibrio mental pero no mayor que el del propio Chris.
Chris Croker en una entrevista
menciono “antes que ser americano soy un fan de Britney” se puede ver
en el documental de HBO, Me at the zoo
que retrata parte de su vida, en esa frase opone y análoga en efecto dos cosas
igual de fantásticas, orgullo patriótico y orgullo de fan, pareciera un
comentario irónico, mordaz y lleno de lucidez, pero para él era tan real como
el sufrimiento de su superestrella.
¡Dejen a Britney en paz! se
transformó en un video viral en internet y en una serie de parodias, burlas y
ataques personales para el mismo Chris Crocker, quien de hecho no tenía una
vida fácil, una madre indigente y un montón de señalamientos en su comunidad a causa de su travestismo, entre otras, su video pone en evidencia la
más extraordinaria muestra de abominación de la psicopatía de un fanático, un
ser enajenado con creencias firmes, que idolatra una fantasía y al hacerlo
expresa sus más profundas frustraciones, un ser alienado que desconoce su
tragedia, el fanatismo es una de las tantas enfermedades que nos aquejan desde hace mucho
tiempo pero que hoy se expande más rápidamente, enajenarse es fácil, es rápido,
la publicidad busca enajenarte, la política, la televisión, todo se reduce a
seducción y enajenación, crear un espejismo, una empatía esquizofrénica, Chris
Crocker se volvió famoso, víctima del mismo sistema, alimentó a otros que se
volvieron fanáticos de él, la civilización del espectáculo no desperdicia nada,
nada se tira, todo se recicla y se transforma.
¡Dejen a peña nieto en paz! Es
una máscara del vínculo que establecemos con la política en nuestro país, y con
este personaje en particular, el presidente, el rey, el aristócrata, siempre son
víctima de burla, pero a Peña nieto se le mira como estrella de la televisión, dice
tantas estupideces como Ninel Conde o un payaso en la alameda, la diferencia es
que cree como Chris Crocker que está haciendo lo correcto, embelesado por su
imagen pública, su poder personal y económico, un político de pacotilla que no
leyó ni El príncipe de Maquiavelo o El Leviatan de Hobbes para joder a
conciencia.
El señor presidente, es todo un fenómeno
mediático mucho antes de ser presidente, sirve para el show y el business,
sobre todo para el business de las agendas internacionales, los bancos, las
transnacionales, los magnates del petróleo y los intereses de EUA, en este
sentido es hasta el momento un político exitoso, hubo personas que realmente
fueron a votar por él y ni siquiera intereses económicos tenían, simplemente se
dejaron seducir por la publicidad de la mercancía.
La política igual que la
publicidad son extraordinarios vendedores de engañó, que tengamos a un maniquí
hueco en la presidencia no habla mal de él, habla mal de nosotros, se vendió
como estrella, se casó con otra estrellita de telenovelas, Peña Nieto es el claro ejemplo de la
decadencia de la política, una muestra sobre el verdadero poder, el que mueve
los hilos no es ni el caduco concepto de soberanía en el que se sustenta en la
ficción de la democracia, ni el congreso, es el poder económico de las grandes
corporaciones, de los bancos, etcétera, quienes toman las decisiones, el
hombrecillo víctima de nuestras burlas y que para colmo se las toma muy a pecho
es solo el mascaron de proa de un barco que esta pronto a hundirse.
Recordando el bochornoso dicho de
Vicente Fox “comes y te vas” aplica para el pueblo mexicano si no se mejoran las condiciones de la elite hacia abajo, esta frase se transformara en un vulgar “Nos follas y te vas” como todo
buen seductor, como buen casanova, pues es guapo y tiene lana, aunque verbo no
es, no importa, ya lo dejamos entrar a la alcoba, ¡Dejen a Peña Nieto en paz! solo
es la máscara de todo un sistema de corrupción y podredumbre, sin valores, sin ética y sin dignidad.
[1] Laca-Arocena, Francisco A.. Bertrand Russell:
pacifismo político relativo, Convergencia. Revista de Ciencias Sociales [en
linea] 2011, 18 (Septiembre-Diciembre) : [Fecha de consulta: 28 de septiembre
de 2013] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=10518894005>
ISSN 1405-1435. pág. 132

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