viernes, 10 de enero de 2014

¡Dejen en paz a...!




"... todo termina siendo mero escándalo, chascarrillo o escarnio, sujetándose en la memoria colectiva en igual grado de importancia que el video porno de Paris Hilton o la boda del Príncipe Guillermo."
Existe una banalización imperante en muchos campos de la civilización contemporánea, un virus que invade rápidamente todo lo que toca, le transforma en escándalo, espectáculo y show business, de esta manera asegura un momento de vida, no importa que sea un suspiro, la vida fugaz es característica de actualidad, el fenómeno del fast, de lo poco perdurable, poco nutritivo, poco reflexivo, pero rápido, rápido, rápido. 
Si algo tendrá éxito en la cultura actual debe convertirse en un producto atractivo, mercadeable, vendible, deseable, y para ello tenemos a la publicidad como el gurú de la sociedad contemporánea, todo se reduce a un buen slogan, un buen anuncio o una buena campaña, sea comida, un automóvil o un político. La publicidad es la sofisticación del engaño, ella seduce a diestra y siniestra, si el arte del engaño era la política, la publicidad llego para reinventarla convirtiéndose en una especie de casanova sinvergüenza que te seduce, te atrapa y te deja. Quizá debo escribir, te seduce, te folla y se va.
Esta suerte de embrujo te dice qué, cómo y cuándo desear, se escuda en expertos, conocimiento científico, lo más culto, importante o exclusivo, convierte cualquier cosa en un objeto indispensable aunque no lo necesites y el mundo entero en una selva promiscua de seducción, ahí en ese mundo se ha desarrollado una especie infectada con el virus del consumo estúpido, se llama fanático, fan, entusiasta o simplemente imbécil, son el linaje subsecuente y versión ¡chic! de la idolatría, el éxtasis religioso o el vestigio genético de pertenencia de grupo que en algunos mamíferos se usa para asegurar la supervivencia, regularmente los fanáticos también andan en grupos y crean una serie de fantasías en torno a un objeto o persona, fanatismo derivado de fanum (templo) ya se imaginan la razón, aunque prefiero fan-ático derivado de fan-tasía.


El fanático suele defender posturas, opiniones, constructos ideológicos de manera apasionada, tenaz y desmedida, lo irónico es que todas estas dependen de una perspectiva bastante subjetiva, casi ninguna se origina de aquel que las defiende, y por ello se vuelve un absurdo discutirles, sobrepasan las razones lógicas, ocurre en el futbol, la religión o la política –todas igual de banales solo que unas joden más que otras-, el fanatismo puede invadir cualquier campo de la vida humana siempre y cuando exista una muy buena o varias muy buenas estúpidas razones para prenderse de ellas y defenderlas, se suele escuchar que una marca o nombre publicitario es mejor que otra, que un cantante es lo máximo y se llena de poster el dormitorio, se opina que un actor o director son la onda o peor aún ¡este libro de la saga el crepúsculo es genial! Un tremendo desconcierto para los que creían que aprender a leer libraría al hombre de la estupidez.

Increíble pero hasta la forma de ser fanático se banaliza, ya no son coléricos, caprichosos y testarudos hasta la muerte y de corazón, ahora solo son caprichos pasajeros, sirven de pose debido a una tendencia o moda momentánea que se opacara con una nueva, pero ello no significa que no se comporten coléricos, caprichosos y testarudos aunque sea por un instante. ¡Así es! El fanático de tanto follar también se hizo frívolo, folla con uno y con otro, desea nuevas emociones, rápido, rápido, rápido.

La diferencia que promueve el fanatismo es parecido a la pertenencia de grupo, se busca la aprobación o incluso el antagonismo con otro, encontrando en una cosa o persona la canalización de su deseo, les vuelve tótem, fetiches o iconos, suelen ser objetos o personas casi fantasmagóricas debido a tanto reflector que les alumbra, es la época del espectáculo, circo, circo y circo, ya no importa si es brutal para llamar la atención, basta el chismerío, la desmesura, la provocación, no necesita ser profundo, serio o artístico, basta un poco de insensatez, un poco de jackass combinado con algo de subversivo fashion, ósea “novedoso” para tener adeptos, miles de seguidores o visitas en la red. La diferencia a la que me refiero que promueve el fanatismo es yo soy mejor, bueno o supremo, me hace serlo mi ropa, mi estrella favorita, mi creencia sea cual esta sea; ningún fan en su sano juicio acepta que es fanático de una estupidez, se llame patriotismo, la revista Hola, los popstar, un equipo de futbol, democracia, o los montones de “ismos” regados por el planeta. Capitalismo, catolicismo, franquismo, ismo, ismo…

Los fanáticos exhiben abiertamente su ferviente deseo de diferenciarse, se visten como sus mal llamadas estrellas o artistas favoritos, aprenden todos sus movimientos y saben hasta como se llama su tatarabuelo, se unen entre ellos, para alimentar su fanatismo y se protegen entre ellos con uñas y dientes, “Todo grupo humano socializa a sus miembros en la dicotomía “nosotros / los otros”, el sentimiento de pertenencia a un grupo constituye una de las primeras identidades que adquiere el individuo. Cuando surge el conflicto con otro grupo, el propio se cohesiona fuertemente, puede llegar a cohesionarse al extremo de que toda reserva o crítica suenen a traición, pero en la misma proporción que el conflicto cohesiona al grupo incrementa el odio al otro grupo en conflicto. Como advierte Amartya Sen, “identidad” y “violencia” son términos que frecuentemente van juntos, cuanto más fuerte sea el sentimiento de identificación con un grupo tanto mayor será la cantidad “admisible” de violencia contra quienes se estime que amenazan a dicho grupo.” [1] En este sentido los juegos deportivos donde unos se enfrentan a otros son bastante sugerentes en cuanto a este comportamiento donde identidad y violencia son ejes claves para entenderles, pero ocurre de igual manera en las ideologías políticas, tendencias de moda, religiones, nacionalidades, razas y demás, cualquier creencia llevada al extremo se llama fanatismo, provocando que los fanáticos lloren, rían, gocen, dejen de comer o exploten en jubilo, por circunstancias tan ajenas a ellos, pero que sienten en carne propia.

Día con día nacen y mueren fenómenos muy interesantes de fanatismo, una rápida gestación y una vida corta, llamados Harry Potter, Justin Bieber, Versace, bloggers famosos, es tan grande la influencia del mundo SHOW que en Los Angeles California fue gobernador el Terminator, se hacen playeras del che Guevara y muñequitos de Marcos del EZLN, acá en México ¡lindo y querido! no nos escapamos de ese mundo y agregamos otros, no hace mucho tuvimos el peñismo, nombre que hace referencia a la efervescencia de múltiples grupos partidistas además de señoras, hasta señores y jóvenes que gritaban extasiados por estar cerca del guapísimo pero bruto Enrique Peña Nieto hoy presidente de la república, y su contraparte, la revueltilla del “Yo soy 132”  tan efervescente y de rápida duración como un alka seltzer en una coca cola, a la que prefiero referirme como la revolución Tv y novelas –revista de chisme y espectáculo- el espectáculo no se detiene, lo superficial está vigente hasta en lo más “subversivo” tenemos al diputado de la fracción del partido de izquierda (PRD) Gerardo Fernández Noroña que sube videos al canal de you tube donde exhibe abiertamente su postura de desobediencia civil e incita a la población a hacerlo, desde su web cam, sentado frente a un escritorio de caoba o alguna madera fina que hace bonito conjunto con una hermosa silla, dando un ameno discurso solo para  interrumpirse dando tragos a una botella de agua gasificada de la marca Perrier  o invitando a no pagar el iva en los alimentos comprando un jugo en un supermercado ¡Vaya, vaya, que subversivo! 

Juzguen usted mismo si no se ha banalizado casi todo, mire como nos relacionamos con los acontecimientos sociales más brutales, sea una masacre en Siria, la pobreza extrema, la violación a los derechos humanos, el espionaje descarado y el abuso de poder, los documentos de Wikileaks o los filtrados por Edward Snowden, todo esto terminan siendo mero escándalo, chascarrillo o escarnio, sujetándose en la memoria colectiva en igual grado de importancia que el video porno de Paris Hilton o la boda del Príncipe Guillermo.

El Fan -versión corta y laxa de fanático- también es víctima de la banalización de su propio fanatismo, la poca mesura con que se entrega a sus creencias, gustos e ídolos le convierte en una criatura sin razón, tenemos ejemplos magnánimos, pero uno muy jugoso y digno de recordar es el de Chris Crocker, un ex fenómeno de la red con su video ¡Leave Britney Alone! (¡dejen a Britney en paz!) en este video un joven travestido y maquillado, llora amargamente y se muerde los labios, se arregla la melena oxigenada entre lagrima y gemidos, dando un mensaje de amor y apoyo a su estrella favorita Britney Spears, pidiendo que no se burlaran de ella, que la dejaran en paz pues pasa por un momento muy difícil en su vida, en efecto la cantante de “Give me baby one more time” o “ Ops! I did it again” aparentaba a todas luces un desequilibrio mental pero no mayor que el del propio Chris.

Chris Croker en una entrevista menciono “antes que ser americano soy un fan de Britney” se puede ver en el documental de HBO, Me at the zoo que retrata parte de su vida, en esa frase opone y análoga en efecto dos cosas igual de fantásticas, orgullo patriótico y orgullo de fan, pareciera un comentario irónico, mordaz y lleno de lucidez, pero para él era tan real como el sufrimiento de su superestrella.

¡Dejen a Britney en paz! se transformó en un video viral en internet y en una serie de parodias, burlas y ataques personales para el mismo Chris Crocker, quien de hecho no tenía una vida fácil, una madre indigente y un montón de señalamientos en su comunidad a causa de su travestismo, entre otras, su video pone en evidencia la más extraordinaria muestra de abominación de la psicopatía de un fanático, un ser enajenado con creencias firmes, que idolatra una fantasía y al hacerlo expresa sus más profundas frustraciones, un ser alienado que desconoce su tragedia, el fanatismo es una de las tantas enfermedades que nos aquejan desde hace mucho tiempo pero que hoy se expande más rápidamente, enajenarse es fácil, es rápido, la publicidad busca enajenarte, la política, la televisión, todo se reduce a seducción y enajenación, crear un espejismo, una empatía esquizofrénica, Chris Crocker se volvió famoso, víctima del mismo sistema, alimentó a otros que se volvieron fanáticos de él, la civilización del espectáculo no desperdicia nada, nada se tira, todo se recicla y se transforma.

¡Dejen a peña nieto en paz! Es una máscara del vínculo que establecemos con la política en nuestro país, y con este personaje en particular, el presidente, el rey, el aristócrata, siempre son víctima de burla, pero a Peña nieto se le mira como estrella de la televisión, dice tantas estupideces como Ninel Conde o un payaso en la alameda, la diferencia es que cree como Chris Crocker que está haciendo lo correcto, embelesado por su imagen pública, su poder personal y económico, un político de pacotilla que no leyó ni El príncipe de Maquiavelo o El Leviatan de Hobbes para joder a conciencia.

El señor presidente, es todo un fenómeno mediático mucho antes de ser presidente, sirve para el show y el business, sobre todo para el business de las agendas internacionales, los bancos, las transnacionales, los magnates del petróleo y los intereses de EUA, en este sentido es hasta el momento un político exitoso, hubo personas que realmente fueron a votar por él y ni siquiera intereses económicos tenían, simplemente se dejaron seducir por la publicidad de la mercancía.

La política igual que la publicidad son extraordinarios vendedores de engañó, que tengamos a un maniquí hueco en la presidencia no habla mal de él, habla mal de nosotros, se vendió como estrella, se casó con otra estrellita de telenovelas,  Peña Nieto es el claro ejemplo de la decadencia de la política, una muestra sobre el verdadero poder, el que mueve los hilos no es ni el caduco concepto de soberanía en el que se sustenta en la ficción de la democracia, ni el congreso, es el poder económico de las grandes corporaciones, de los bancos, etcétera, quienes toman las decisiones, el hombrecillo víctima de nuestras burlas y que para colmo se las toma muy a pecho es solo el mascaron de proa de un barco que esta pronto a hundirse.

Recordando el bochornoso dicho de Vicente Fox “comes y te vas” aplica para el pueblo mexicano si no se mejoran las condiciones de la elite hacia abajo, esta frase se transformara en un vulgar “Nos follas y te vas” como todo buen seductor, como buen casanova, pues es guapo y tiene lana, aunque verbo no es, no importa, ya lo dejamos entrar a la alcoba, ¡Dejen a Peña Nieto en paz! solo es la máscara de todo un sistema de corrupción y podredumbre, sin valores, sin ética y sin dignidad.   


[1] Laca-Arocena, Francisco A.. Bertrand Russell: pacifismo político relativo, Convergencia. Revista de Ciencias Sociales [en linea] 2011, 18 (Septiembre-Diciembre) : [Fecha de consulta: 28 de septiembre de 2013] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=10518894005> ISSN 1405-1435. pág. 132



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