viernes, 18 de abril de 2014

Marrullerías

Marrullería (2013)
Registro de acción 



"A menudo se ha comparado a los boxeadores con los artistas, pero una analogía más exacta apuntaría más bien al mundo de la fábrica o al taller del artesano"




Esta acción sugiere una lucha cuerpo a cuerpo, en este caso cuerpo escultórico -objeto- y cuerpo humano; la pieza hace referencia al trabajo del púgil y al trabajo escultórico, que tienen por función sustituir el cuerpo primitivo -bulto, masa- por un cuerpo "habituado", es decir, temporalmente estructurado y físicamente remodelado según las exigencias propias de los oficios. En este sentido la obra insinúa de la escultura un desplazamiento de fuerza y/o trabajo sobre la materia en donde la experiencia gana importancia como contenido primordial de la obra.

 "Aprender a boxear es modificar sin darse cuenta el esquema corporal, la relación con el propio cuerpo y el uso que de él hacemos habitualmente para interiorizar una serie de disposiciones mentales y físicas inseparables que, a la larga, hacen del organismo una máquina de dar y recibir puñetazos, pero una máquina inteligente, creadora y capaz de autorregularse al mismo tiempo que renueva el interior con un registro fijo y relativamente limitado de movimientos en función del adversario y del momento. La imbricación mutua de las disposiciones corporales y mentales alcanza tal grado que incluso la voluntad, la moral, la determinación, la concentración y el control de las emociones se transforman en el mismo número de reflejos del cuerpo. En el boxeador hecho y derecho, la parte mental forma parte del físico y viceversa; el cuerpo y la cabeza funcionan en simbiosis total."
[1][1]




Este aprendizaje se encuentra grabado en mi memoria física y mental después de seis años de trabajar dentro del gimnasio de boxeo que cumplió un ciclo de 50 peleas amateur, tres semi profesionales y una contienda en el ámbito profesional, en otras palabras, he sido un obrero más de esa fábrica de golpeadores luego entonces es que mediante este entrenamiento y dinámica corporal pretendía en la pieza que lleva por título “Marrullerías” construir otro cuerpo a manera de contendiente, ese objeto-masa que al mismo tiempo que era construido se convirtiera en un receptáculo del lenguaje especifico de boxeador canalizado al objeto a través de mi cuerpo, es lógico que necesitara un material que opusiera cierta resistencia pero permitiera dejar huella como lo facilita la plastilina, así es como mediante posturas y gestos técnicos y no tan técnicos se creaba el otro cuerpo-masa con la acción directa del cuerpo sobre ese otro cuerpo-masa. Pienso a menudo sobre la reestructuración que sufrió mi cuerpo y mente dentro del gimnasio de boxeo fue un acto completamente escultórico y en este sentido pretendía hacer lo mismo con la masa que estaba formando a través del trabajo físico durante esta acción.

"A menudo se ha comparado a los boxeadores con los artistas, pero una analogía más exacta apuntaría más bien al mundo de la fábrica o al taller del artesano. Porque el Noble Arte (Boxeo) se parece punto por punto a un trabajo manual calificado pero repetitivo: Los mismos boxeadores profesionales ven el entrenamiento como un trabajo («Es un trabajo que debo hacer», «Tengo que hacer mis deberes», «Es como tener otro trabajo») y sus golpes como una herramienta. 
"Como ha señalado acertadamente Gerald Early, «la palabra que viene a la cabeza más que ninguna otra cuando se observa a los boxeadores manos a la obra en el gym es "proletariado". Estos hombres están empeñados en una labor honesta y completamente espantosa y, lo que es más sorprendente, este trabajo es todavía más grotesco que la pesadilla de la cadena de montaje. Y proletariado es una palabra completamente adecuada para estos boxeadores a los que llamamos tontos y paquetes.
[2][1]




La acción tuvo una duración de seis horas de trabajo continuo, lo cual no hubiera sido posible de no haber tenido un entrenamiento previo tanto físico o psicológico que me permitía seguir adelante aun cuando la masa colapsaba constantemente provocándome frustración, una emoción que se trabaja en el gimnasio a través de sus antípodas la lucha, la redención y el triunfo. 

La acción no fue mostrada en público y en el área de exhibición solo se encontraba la masa golpeada y erguida sobre el muro, me interesaba aprovechar la estética del absurdo en el que ocasionalmente se encuentra el arte contemporáneo para generar en el publico una reacción un tanto burda o simple, el espectador no podía apreciar casi nada de la acción a menos que se acercara lo bastante y en todo caso reconocer algunos restos y huellas de la batalla como cabellos, rodillas, puños, manchones de sangre de los nudillos, etcétera, creo conveniente en este trabajo establecer una analogía sobre la relación trabajo-producto, mano de obra y ganancia, trabajo como dignidad etcétera que amerita análisis en el arte contemporáneo y en la sociedad capitalista, basta mirar rápidamente los objetos de nuestro al rededor para darnos cuenta que desconocemos la mano de obra con que fue hecha, en muchas ocasiones esclavizada como los casos de las empresas ZARA, HM, MAC, MCDONALDS, etcétera, etcétera, etcétera, lo cual es casi imperceptible; Para mí era importante mostrar un objeto casi sin sentido que hablaba de mi trabajo y del trabajo en sí, etimológicamente la palabra trabajo tiene su origen en el término latino tripalium, que era un instrumento de tortura. Esa noción es recurrente, sobre todo, en la tradición griega y judeo-cristiana, que entendían y designaban al trabajo como una actividad penosa y obligatoria, vista incluso como un castigo para el ser humano, el trabajo es tortuoso, dignificante y hasta una forma de esclavismo.  

En el artista de estos tiempos también es un factor importante de análisis, sobre todo cuando encontramos ejemplos claros de obra que se crea como objeto en masa y donde la mano del artista es casi inexistente, un juego muy común, donde la idea es poderosa sobre el trabajo del artista que se valoraba en otras épocas y que tanto incomoda a muchos críticos obsoletos del arte contemporáneo.  

El título "marrullería" es un término que alude a una idea usada en el deporte del boxeo para designar los recursos ilícitos con que se puede lastimar a un oponente en el cuadrilátero, golpes de conejo o a la nuca, rodillazos, mordidas, codazos, cabezazos entre otros que aunque no se enseñan de manera directa, también se aprenden en el gimnasio y se usan en muchas ocasiones para lastimar, mellar física o psicológicamente al oponente, se conoce habitualmente como boxeo sucio y en esta ocasión también era una metáfora de la relación del artista sobre la obra, habría que darle hasta con la cabeza para conseguir el cometido, erguir la masa, crear el cuerpo, lograr la pieza.


[1][1] WAQCUANT Loic, Entre las cuerdas. Apuntes de un aprendiz de boxeador, Ed. Siglo XXI, Argentina, 2006. p. 68.

[2][1] WAQCUANT Loic, Entre las cuerdas. Apuntes de un aprendiz de boxeador, Ed. Siglo XXI, Argentina, 2006. p. 72.


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